Historia

Títulos, ascensos y momentos inolvidables

Tener ambición es el alma del Club Social y Cultural Deportivo Laferrere. Nacimos el día 9 de julio del año 1956, en la ciudad de Gregorio de Laferrere, en pleno Gran Buenos Aires. Representamos el estilo bonaerense de jugar a la pelota.

Empezamos con el nombre de Club Social y Cultural Sportivo Laferrere. Sin embargo, por exigencias legales de la Inspección General de Justicia (IGJ), adoptamos nuestra denominación actual: Club Social y Cultural Deportivo Laferrere. La primera Comisión Directiva registrada en actas es de 1958 y estuvo presidida por Ángel Alcaraz, acompañado por vecinos y comerciantes de la zona que pusieron el hombro para convertir un sueño barrial en un club con identidad propia.

Desde nuestros primeros pasos, hemos combinado fútbol con la vida social. En los años iniciales se organizaron bailes populares de carnaval que nos hicieron muy conocidos en la zona, junto con otras actividades culturales que convirtieron a la sede en un punto de encuentro para las familias de Gregorio de Laferrere. En lo deportivo, nos inscribimos en la Liga barrial Laferrerense de Fútbol y allí logramos nuestros primeros títulos en 1962, 1965 y 1975. Estos palmarés han ayudado a promocionar el sentido de pertenencia de todo el barrio.

El origen del club está íntimamente ligado al crecimiento del deporte en La Matanza a fines de la década del 40 y principios de los 50. Mientras nacían instituciones como Deportivo Merlo, General Lamadrid, Sacachispas, Fénix, Ferrocarril Urquiza y Juventud Unida, en Laferrere también surgían clubes de barrio como Glorias Argentinas, Vicente López, Alumni, 25 de Mayo y Liverpool. En ese contexto, un grupo de vecinos (entre ellos José y Antonio Parisi, Roque Leoncini, Américo Vigas, Ismael Etcheverry, Javier Paniagua, Antonio Narciso, Alejandro Cruz, Francisco Biafora, Quico Robledo, Juan Carlos Enríquez, Hugo Valdez y el “Nene” Ortiz— comenzó a organizar un equipo que representara a la comunidad.

En los inicios, el equipo adoptó los colores rojos de Independiente de Avellaneda, luego de un sorteo entre los fundadores en el que resultó favorecido José Parisi. Con el tiempo, y ante las exigencias de la competencia barrial, se optó definitivamente por el verde y blanco, que se transformaron en los colores históricos del club. En paralelo, se fue gestando la sede social: la compra del terreno solo fue posible gracias a la creatividad y al esfuerzo colectivo, con figuras como Pedro Bistolfi facilitando las operaciones y los socios organizándose para cubrir cheques y deudas. Con maderas de cajones de autos importados de la firma Borgward se levantaron la primera casilla, mesas y bancos, dando forma a la flamante sede social.

En 1978 llegó un hito decisivo: la afiliación a la Asociación del Fútbol Argentino y el debut oficial en los torneos de AFA. Ese mismo año, el 11 de marzo, el Club Social y Cultural Deportivo Laferrere jugó su primer partido de Primera D ante Victoriano Arenas, con triunfo villero y el inicio de un camino que lo llevaría a transformarse en uno de los protagonistas del ascenso argentino.

Después de ocho años en Primera D, el club logró en 1986 su primer ascenso a Primera C, en el marco de la reestructuración general de los torneos. Lejos de conformarse, Laferrere se consagró campeón de la Primera C en la temporada 1986/1987 y obtuvo el ascenso a la Primera B. La etapa de crecimiento se consolidó en la temporada 1989/90, cuando el equipo ganó el Torneo Zonal Noroeste, derrotando en la final a All Boys y alcanzando el ascenso al Torneo Nacional B. En apenas cinco años, el club había escalado tres categorías, escribiendo una de las páginas más recordadas por el pueblo villero.

En 2002, tras dos descensos, el Deportivo Laferrere consiguió volver a la B Metropolitana. Bajo la conducción de Sergio Quiroga, el equipo ganó el Torneo Clausura 2002 de Primera C y posteriormente el Reducido ante Colegiales, obteniendo la única plaza de ascenso disponible en ese formato. Con el paso de los años llegaron nuevas campañas en la categoría, participaciones destacadas en la Copa Argentina y un rol protagónico en el fútbol de ascenso. En 2023, con Guillermo Szeszurak como entrenador, el club logró el ascenso a la Primera B, categoría que ocupa en la actualidad.

La institución también atravesó momentos muy difíciles, especialmente durante la quiebra de fines de los años 90. Como suele ocurrir en estos casos, el riesgo era claro: remate de bienes, pago de deudas y desaparición del club. Sin embargo, Laferrere escribió otra historia. La jueza Gladys Vitale designó a Efraín Canosa como síndico, y fue él quien, al tomar contacto con la realidad cotidiana del club, se acercó a la cancha en un partido de AFA y le planteó a Carlos Espósito que, sin ayuda, el cierre era inminente. De ese llamado nació la agrupación “Todos por el Verde”, liderada por el propio Espósito y por Sergio Luongo, junto a un grupo de socios que entregó tiempo, familia y vida diaria para sostener a la institución. Para muchos, esa etapa significó una verdadera segunda fundación.

En aquellos años de crisis, el ingenio y la solidaridad fueron fundamentales. Hubo partidos en los que las camisetas se compraban a la mañana en la feria para poder jugar a la tarde, siempre que no coincidieran con el color del rival. En otra ocasión, el equipo utilizó un juego de camisetas de la selección de Italia prestado por Daniel Díaz, vecino del estadio. Los planteles cobraban poco o nada, y en algunos casos los jugadores se llevaban un bolsón de mercadería como reconocimiento cuando ganaban de local. De ese esfuerzo colectivo surgió la base que permitió al club reorganizarse y seguir compitiendo.

La historia deportiva de Laferrere está marcada por futbolistas e ídolos que dejaron una huella profunda. Entre ellos se destaca Luis Esquivel Chamorro, símbolo de la institución, referente dentro y fuera de la cancha, entrenador en distintas etapas y hoy vinculado a las divisiones inferiores. Su presencia transmitía tranquilidad al hincha, porque con él en el campo de juego se sabía que el equipo iba a dejar todo. También formaron parte de campañas inolvidables jugadores como Centurión, la “Araña” Maciel, José Luis Arce, Locatelli, Ariel Borzillo y Pozzuto, protagonistas de ascensos, torneos peleados hasta el final y noches de tribunas colmadas.

Un lugar especial ocupa Ariel “Chino” Cafferata, quien debutó en 1998, en plena época de la quiebra, y se convirtió con los años en el jugador récord del club, con casi 700 partidos disputados. Cafferata decidió quedarse en Laferrere incluso cuando la situación económica mejoró, reforzando la idea de que el club es, ante todo, una forma de pertenencia.

La figura de José Luis “Garrafa” Sánchez también es parte de la identidad villera. Criado en el barrio y fallecido también allí, Garrafa fue un embajador de Lafe en cada club que vistió. Incluso cuando salió campeón con El Porvenir, celebró en el vestuario con la camiseta de Laferrere, dejando en claro cuál era su lugar en el mundo. Hoy, la tribuna principal del estadio lleva su nombre como homenaje permanente a su talento y a su amor por el club.

La relación con Diego Armando Maradona es otro capítulo entrañable. A través de Gastón Romero, preparador de arqueros que integró varios cuerpos técnicos de Diego en Dubái, México y Gimnasia, dirigentes e hinchas de Lafe pudieron conocerlo en Estancia Chica. Maradona visitó el estadio Ciudad de Laferrere en un clásico frente a Almirante Brown, y una camiseta de aquel día, firmada por él, se conserva como uno de los tesoros más preciados por la institución.

En los últimos años, la memoria del club se consolidó también a través de un museo histórico de camisetas. El proyecto, impulsado por socios y socias, reúne actualmente más de 350 casacas utilizadas por Deportivo Laferrere desde su afiliación a la AFA hasta la actualidad. Aunque todavía no cuenta con un espacio físico permanente, cada muestra anual permite recorrer la historia del club a través de sus diseños, desde las camisetas de los años de la D y la C hasta los modelos utilizados en el Nacional B, en los ascensos, en la Copa Argentina y en las campañas recientes.

El estadio Ciudad de Laferrere, ubicado en la intersección de las calles Rodney y Magnasco, es la casa del pueblo villero. Con capacidad para más de diez mil espectadores, cuenta con sectores de populares, plateas, palcos preferenciales y cabinas de transmisión. Las tribunas llevan nombres que resumen la historia del club: la cabecera local se llama José Luis “Garrafa” Sánchez, una de las plateas reconoce a Luis Esquivel Chamorro, otra sectoriza el recuerdo de Héctor Sanabria, futbolista fallecido en plena competencia, y la antigua platea visitante rinde homenaje a Marcelino Perón, técnico ligado a los primeros pasos del club en AFA. Desde la instalación de la iluminación artificial, cuya prueba finalizó en diciembre de 2011 y que permitió jugar el primer partido nocturno oficial el 1 de febrero de 2012 frente a Excursionistas, el estadio sumó nuevas postales nocturnas. Con el tiempo, tanto la hinchada como la prensa comenzaron a llamarlo “El Morumbí”, destacando su imponencia y el clima que se vive cada vez que Lafe juega de local.

Deportivo Laferrere asume con orgullo su identidad de club villero. El apodo remite a la humildad, al trabajo cotidiano y a la realidad de una ciudad de laburantes que “no necesita los lujos de la gran ciudad”. La camiseta verdiblanca representa ese esfuerzo y ese vínculo con el barrio, que se expresa con fuerza cada fin de semana en las tribunas.

En lo deportivo, el partido que el hincha vive como clásico por excelencia es el duelo ante Almirante Brown. Más allá de que las instituciones hayan transitado por diferentes categorías, la rivalidad geográfica y popular hace que la semana previa a ese encuentro se viva con una intensidad especial, llena de nervios, expectativa y orgullo. A lo largo de su historia, Lafe también construyó fuertes rivalidades con Liniers, protagonizando el denominado “Clásico de La Matanza”, con Sacachispas, Sportivo Italiano, San Miguel, Excursionistas y otros clubes tradicionales del ascenso, alimentando el folclore y la pasión de cada torneo.

Fiel a su denominación, el Club Social y Cultural Deportivo Laferrere es mucho más que su plantel profesional. La institución se proyecta como un espacio social, cultural y deportivo para toda la comunidad. El polideportivo ubicado sobre la Ruta 21 y las distintas actividades que se desarrollan allí buscan contener y formar a niñas, niños, jóvenes y adultos. El fútbol infantil y juvenil, el trabajo con las divisiones menores y los proyectos vinculados al fútbol femenino, que se habían iniciado con una escuelita antes de la pandemia, forman parte de una línea de acción que apunta a ampliar la base deportiva y la infraestructura del club.

Mirando hacia el futuro, la institución se plantea tres grandes metas que orientan su trabajo diario: consolidar un crecimiento institucional ordenado y cercano al socio, seguir expandiendo la oferta deportiva y la infraestructura para que cada vez más vecinos encuentren en Lafe un lugar de pertenencia, y trabajar para ver al club compitiendo en la Primera División del fútbol argentino. Porque, para miles de personas, el fútbol no es solo un resultado, sino una forma de vida: es abrazarse con un desconocido después de un gol, compartir la tristeza tras una derrota y saber que siempre hay un lugar al que volver. Ese lugar, en Gregorio de Laferrere, se llama Club Social y Cultural Deportivo Laferrere.